Primero y más lógico, no podéis seguir añadiendo elementos cada año, y eso hay que trasmitírselo a los niños, no solo por el espacio.
Yo haría un “filtro” entre los cuatro: cada uno elige algo que sí o sí quiere quedarse, y así os quedáis con lo básico. Los padres podéis supervisar por si los peques eligen algo muy tonto que luego se arrepientan (si por ejemplo nadie elige el árbol, al año siguiente seguro que lo echan de menos).
Si vais a deshaceros de cosas que estén bien, mirad si podéis donarlas. Además, es una buena forma de explicárselo a los niños: que hay otros peques que no tienen adornos y que compartir también forma parte del espíritu navideño.
Y si no, la opción B es hacer un lavado de cara total: buscar algo más pequeño pero llamativo. Tal vez las luces sean lo más útil en ese aspecto, crean mucha atmosfera, son versátiles y creo que a todas las edades son hipnotizan.