El reloj biológico y el deseo de tener hijos no es casualidad. Aquí ya juega el instinto animal, con un deseo de ser madres que nos hace latir el corazón más fuerte cuando vemos a un bebé y la enorme felicidad del resultado positivo. O incluso… la desesperación de no lograrlo, el dolor que se pasa, ese pedacito de ti que en realidad no existió, pero echas en falta.
No te juzgo para nada. Tienes una relación feliz con tu marido, presente en la vida de sus hijos, involucrado en su crianza, un buen hombre. Guárdate el secreto para ti. Una mentira piedosa, no pasa nada.