No entiendo que relacioneis el que no quiera ceder en una cuestión de gustos o preferencias, con que tampoco sea capaz de ser flexible y ceder en cosas de importancia, precisamente.
Salir a comer también es compartir tiempo en pareja, y si a la autora le espanta el sushi y a su pareja le encanta, se lo tiene que comer forzada para darle gusto y «hacerle feliz»? Ver durante dos horas algo que no tiene ni el más mínimo interés para ti es un auténtico peñazo, va a estar molesto y la autora tampoco va a conseguir disfrutar del momento compartido que imagina.
No tenéis gustos en común? Porque eso es lo problemático.