Lo que estás viviendo es durísimo, y no tienes por qué cargarlo sola. Que lo cuentes ya es un paso valiente. Antes de nada: si en algún momento sientes que puedes hacerte daño, por favor llama al 112 o al 024 (Línea de atención a la conducta suicida). Te mereces apoyo inmediato.
En España existen recursos pensados justo para situaciones como la tuya. Los Servicios Sociales de tu ayuntamiento pueden activar ayudas de emergencia para cubrir comida, alquiler o suministros, y valorar si puedes acceder a un alojamiento temporal si estás en riesgo de quedarte en la calle. Todo eso es confidencial y no hace falta que vayas “perfecta”: solo que estés allí.
Caritas funciona muy bien, las iglesias ofrecen comedor social y otras ayudas.
Revisa también el Ingreso Mínimo Vital (IMV), ya que no requiere tener cotizaciones recientes. Si has trabajado antes, quizá puedas solicitar un subsidio por desempleo, ayuda para mayores de 26 sin ingresos, o incluso cursos de formación gratuitos con becas de transporte. En el SEPE y en las oficinas de empleo te orientan sin coste.
En el centro de salud, pide hablar con la trabajadora social o con tu médica de cabecera: pueden tramitar apoyo psicológico, derivarte a salud mental y darte baja si la necesitas para estabilizarte. No tienes que demostrar fortaleza; solo tienes que presentarte.
No eres un fracaso: estás exhausta. Y cuando una persona está rota por dentro, lo que necesita es red y sostén, no juicio. Hay salidas, y no tienes que construirlas a solas. Pide ayuda.