Me ha removido muchas cosas tu post, porque yo también fuí esa niña que se pensaba que su cuerpo estaba mal. Ojalá mi madre me hubiera dicho que mi cuerpo era perfecto, y qué era la ropa la que se debía ajustar a mi y no al contrario.
Lo que tengo claro es que yo seré esa madre que acompañe a su hija desde el amor a su cuerpo y no desde el odio.
También he recordado cuando, hace algunos años, vi en un Zara a una madre y a una hija burlarse de un pantalón de talla grande. Lo tocaban, lo estiraban y se ponían las dos a ver si cabían juntas en él mientras hacían comentarios despectivos sobre cómo sería la persona a la que le iría bien esa talla.
Fue durísimo.