La próxima vez que te llame tu padre, dile que estás muy mal desde la discusión. Que sientes que no te quieren y que estás cansada de favoritismos hacia tu hermano. Que no merecías que te hablasen así y te han hecho mucho daño. Que no quieres ir a «hacer bulto» a las comidas familiares, que te han hecho sentir que no mereces estar en la familia. Y cuelgas, que medite.