El número de cuenta no es nuevo. Ya empezaba a usarse cuando se casaron mis padres, hace más de cuarenta años.
Ellos no lo hicieron, recurrieron a la tradicional lista de bodas para conformar un ajuar, porque no era habitual vivir juntos antes del matrimonio, y tenía todo el sentido.
Hoy en día, lo más común es estar conviviendo antes de casarse y, aunque «sobre el papel» el número de cuenta me chirría, la realidad es que lo más práctico para todos: ni los invitados se rompen la cabeza ni te encuentras con regalos no deseados.