Vivía con una Shih Tzu: bola de pelo majestuosa y enana. Tan enana que tumbada parecía una mopa…de fregona. La cochina sabía y aprovechaba para dejar “regalitos” (aka zapatos mordidos, lazos destrozados,…) pero eso sí, ponía su carita de Gato con Botas versión perro y sigue tu molesta (si lo hacías te lanzaba un estornudo de dignidad, como le llamaba)
Otra cosa eran sus gasecitos, finamente hablando, y ronquidos. Estaba in dia en el coche, con alguien y ella: todo el santo rato berp, beeeerp. Hasta que se bajó esa persona (tiempo después, cuando se terminó y se lo dije me miró con cara de “JA! No me gustaba”)