Pobrecita esa niña.
Para empezar pareces una niña pequeña “me enfado y no respiro” o sea, te metes toda la mañana en la habitación mientras tu hija está ahí fuera.
Las cosas se hablan tranquilamente delante de la niña, y si se “hablan “ como has dicho sin que ella esté delante.
Divórciate porque es lo mejor para todos, y deja a tu hija con tu marido porque parece que tú no eres capaz ni de pensar en el pobre gato.