Me hace mucha gracia ese argumento de que los niños no vayan por si hacen cosas inapropiadas pero luego en el banquete con los adultos mamados hasta arriba de alcohol diciendo gilipolleces (que siempre los hay) no pasa nada. Curioso, muy curioso… Pero bueno, a lo que vamos.
Como madre, me encuentro exactamente en tu misma posición. Tengo un nene autista no hablante, con bastante tendencia a la hiperestimulación, casi siempre causada por ruidos o sitios masificados. Normalmente, el problema no viene en el evento en sí, sino después, cuando llega a casa y su cerebro es incapaz de parar y relajarse. Mi posición suele ser evitarle ese tipo de estímulos porque le son muy incómodos y lo va arrastrando durante días. Él no va a los festivales del colegio, no va a cabalgatas de Reyes ni a cumpleaños o celebraciones familiares con mucha multitud. No me avergüenza reconocer que es un alivio a veces.
Si yo estuviera en tu posición, mi niño no iba, pero tampoco iría yo. Voy a desmarcarme de todos los comentarios que dicen que tu hermana intenta ahorrarle al nene el hecho de pasarlo mal. Lo que tu hermana quiere es que tu hijo no dé la nota en su perfecta celebración de princesa Disney. Esa es exactamente la definición de estorbar. Así que descaminada no vas.
Nos escandalizamos con los «no soy racista, pero…», mientras que decir que se quiere mucho a un familiar discapacitado pero que está mejor fuera para que no se cargue un evento, se normaliza y se ve bien incluso. Se disfraza de empatía con palabras bonitas, cuando es capacitismo puro y duro. Sí, la discriminación también puede venir de la familia y más con personas con discapacidades psicosociales o cognitivas. Y eso duele, porque todos van de empáticos sobre el papel, pero a la vista está que no es así.
La experiencia me dice que los autistas incomodamos mucho. La mayoría no comprende nada de lo que se salga del molde social establecido. Haz lo que creas que debes hacer, pero no vas a adelantar nada si no tienes esa conversación desagradable. Si lo quieren entender, bien, si no, también. Pero si, llegado el momento, te pide que tú comprendas su situación pero ella no entiende la tuya, mal asunto.