Y mira, como hoy estoy ociosa y generosa, voy a darte una masterclass.
Las personas podemos desarrollarnos en varias esferas de nuestra vida. Principalmente tres: biológica, psicológica y social. Podrían caber más, como la esfera espiritual, la sexual, la moral… pero vamos a reducirlo un poco. Te voy a poner ejemplos:
– Esfera biológica: salud (ausencia de enfermedad), aptitudes físicas (ser bueno en deportes), rasgos físicos (belleza), etc.
– Esfera psicológica: estabilidad emocional, carisma, empatía, altruismo, etc.
– Esfera social: posición económica, estatus, liderazgo, etc.
Lo ideal es que todas estén equilibradas, pero en la realidad esto no es sencillo, ni tampoco es un continuo a lo largo de la vida. Fluctúa. Por ejemplo, con la edad tenemos más riesgo de enfermar. También una esfera puede condicionar a las otras. Por ejemplo, un problema en la esfera social (desempleo) puede desestabilizar a la esfera psicológica (produciendo depresión).
Pues bien, vamos a la chicha. Y quizás lo que voy a decir sea polémico. Pero, si aplicamos esto a los rituales de cortejo, podemos comprender ciertas cosas como por qué personas consideradas poco agraciadas físicamente ligan mucho: puede que sean carismáticas o que tengan buena posición social. Es decir, hay personas que (consciente o inconscientemente) “compensan” lo que los demás consideran “carencias” con otros puntos fuertes de su identidad.
En resumen, que siempre hay un roto para un descosido.
Eso no significa que uno mismo deba cambiar por contentar a otros. Se trata de ser consciente de tus cualidades más destacadas en estas tres esferas e intentar encajarlas con las de otra persona.
Porque al revés también se puede aplicar. Es decir, ¿a qué aspectos de cada esfera le das más importancia cuando buscas pareja?
Si tus cánones son muy rígidos, tanto en tu constructo personal como en tus expectativas puede que otros no quieran darte una oportunidad o que, por el contrario, nada sea suficiente para ti.
Frustración, tolerancia, autoestima. Todo va ligado y todo es bueno trabajarlo para que nuestras relaciones con los demás sean mucho más satisfactorias.