Por supuesto que tiene muchos factores. Un ejemplo es la cantidad de movimiento diario que hacemos. Y ya no sólo deporte… Cuando era pequeña, mi madre pasaba de cocinar nada demasiado elaborado. Lo normal en mi casa era comer en el comedor del cole y cenar un sándwich o spa maggi, y desayuno y merienda siempre leche y galletas, bocadillo de Nocilla o cualquier cosa, aunque casi nunca fruta o verdura. Pero siempre fui una niña muy, muy activa, siempre jugando en la calle, en el campo, así que era muy chiquita y delgada.
De joven como no tenía coche no me quedaba otro remedio que ir andando a todos lados. Empecé a trabajar en una pizzería y no te exagero si te digo que durante un año prácticamente cené pizza todos los días… Y no subí de peso porque en esa época no estaba quieta ni durmiendo, estaba como un fideo también.
Pero ahora, a pesar de que voy al gimnasio tres días en semana, salgo a correr dos, y los findes nos vamos de caminata al monte, a la playa o al parque a jugar a algo con los críos, el resto del día lo paso trabajando frente al ordenador, sentada en el coche, estudiando o haciendo las tareas domésticas. Y aunque ahora como mil veces más sano, porque ya a partir de los 25 años empecé a interesarme por tener una buena alimentación y más aún después de los treinta al convertirme en madre, pues tengo sobrepeso con 40…