No hay nada mejor en el mundo que esos días festivos o de fin de semana cuando se despiertan y se meten corriendo en tu cama calentitos para que les des unos mimos o les hagas unas cosquillas. Sin prisa, en familia. O explicarles el mundo como puedes mientras das un paseo por el campo. El día que me muera no me voy a llevar los éxitos en el trabajo, ni las fiestas. Me voy a llevar todos esos recuerdos en el corazón.