Decir que se aman los animales mientras se defiende algo que les provoca pánico, estrés extremo e incluso la muerte es una contradicción que deberíamos revisar como sociedad. La pirotecnia no es solo “ruido”: para muchos animales supone auténtico terror, desorientación, huidas, accidentes y sufrimiento innecesario. Sedar a un perro para que pueda soportarlo no es una solución, es una forma de obligarlo a adaptarse a algo que sabemos que le daña.
Las tradiciones no pueden estar por encima del bienestar y la vida de los animales. La empatía también consiste en cuestionar costumbres cuando implican dolor para quienes no pueden defenderse. Concienciarnos no es perder libertad, es evolucionar como sociedad.