Añado: y no fue una cuestión de miedo a los cuidados, si no que no íbamos traer una persona al mundo conscientemente que no podría llevar una vida plena. Y por vida plena me refiero: a que tenga amigos, que tenga pareja, que tenga hijos si quiere, que se vaya a vivir a otro país si quiere, y que estudie si quiere. Entre otro millón de cosas que una persona sin discapacidad puede decidir hacer y un síndrome de down ni sueña. Ni los más autónomos.