No solo no hiciste mal, es que le hiciste un favor. Le regalaste una lección gratuita de humildad. Ahora, si él es lo suficientemente inteligente para aprenderla o no, ya es cosa suya. Yo de ti no le pediría disculpas, porque entonces le darías la razón en que fue una emboscada y no una consecuencia de sus actos. Tú mantente firme: él dijo que le ganaba a cualquiera, alguien le tomó la palabra, perdió. Punto. Lo demás son cuentos.