Llevo unas semanas saliendo con un chaval que en principio estaba yendo todo bien. Es atento, tenemos cosas en común, me trata bien… pero hay un pero gordo: sus ideas políticas y que se ha tragado enterito el rollo de la red pill. Ya sabéis, que si las mujeres no deberían salir de fiesta, que si los hombres aportan más a la sociedad, que si las feministas no sé qué… Vamos, un pesado cuando se pone en modo debate.
El caso es que la semana pasada quedé con dos amigas y resultó que al final se unió todo el grupo. Yo fui con él, sin saber que se iba a montar la que se montó. En mitad de la reunión, la conversación derivó a estos temas y él, que es muy suelto hablando y verborrágico, empezó a soltar sus teorías dejando a todas sin palabras. Mis amigas y yo cada vez más incómodas, yo intentando cambiar de tema, pero él a lo suyo, cual predicador.
En un momento se puso especialmente denso con el tema de la fuerza física. Que si los hombres son biológicamente más fuertes, que si cualquier hombre le gana a cualquier mujer, que si no hay comparación… Y suelta: «Vamos, que le gano un pulso a cualquiera de vosotras».
Ahí se hizo el silencio. Y entonces una de mis amigas, que es callada y no habla mucho de estas cosas, levanta la mano. «¿Un pulso? Venga, va, te acepto el pulso». Y yo pensando: «Dios mío, que esta chica entrena powerlifting desde hace años y levanta el doble de su peso». Pero no dije nada.
Se colocaron en la mesa, todas mirando. Mi amiga sonriendo, él confiado. Y en tres segundos le pegó la muñeca contra la mesa sin despeinarse. Él se quedó blanco, intentó con la otra mano y lo mismo. Mis amigas estallaron, yo disimulando la risa, y él sin saber dónde meterse. Se levantó, se quedó un rato refunfuñando y al rato soltó una excusa de que tenía que hacer no sé qué y se fue medio enfadado. Insistió en que yo me quede y así lo hice.
Mis amigas se partían, todas dándole las gracias a mi amiga por callar al pesado de una vez, y yo con un nudo en el estómago. Porque reconozco que no le avisé a propósito. Sabía perfectamente que mi amiga lo iba a destrozar y no dije ni pío. Creo que en el fondo quería verlo humillado después de todo el día soltando burradas. Pero ahora no sé si fui una mala persona, si tendría que haberle avisado o haber parado el pulso. El ahora está avergonzado y no quiere verme
Ustedes qué opináis, chicas. ¿Hice mal? ¿Me pasé de lista por no avisarle? ¿O se lo tenía bien merecido?
