Todas las religiones son patriarcales y basan, gran parte de su moral, en el control sobre el cuerpo y la sexualidad de las mujeres. Fuera de la religión, en la sociedad laica y atea, también existen mandatos sociales, no morales, para influir sobre el cuerpo y la sexualidad de las mujeres: el valor adjudicado a la juventud, la belleza, la delgadez.
Así que, digamos que tenemos libertad para elegir, con cartas ya marcadas.
En cuanto a la vestimenta en sí, desde mi perspectiva atea, siempre he preferido la libertad que proporcionan a mí cuerpo las prendas sueltas y amplías, y no la incomodidad y la opresión de las ajustadas.
Si hace mucho calor, llevar más piel expuesta sólo consigue aumentar la temperatura corporal y sudar más. Se está más fresquita con un vestido largo de gasa y otro tejido ligero y poroso, que permite la circulación del aire entre la prensa y la piel. En culturas «del desierto» tiene mucho más sentido práctico taparse, que lo contrario.