Lo primero, ánimo y abrazotes, porque perder peso privándose de cosas ricas, CUESTA. Lo segundo… tienes que asumir que, el hecho de que tú estés a dieta, no hace que los demás tengan que estarlo. Tu marido y tu nena pueden comerse seis tartas y un kit-kat de postre si les apetece y si a ti te da rabia, no se puede hacer nada (espero que no se coman seis tartas, no habría ricino suficiente para desempacharlos en toda la ciudad :D )
Ponerse a una dieta tan estricta y privativa suele ser contraproducente, porque el día que dejes la dieta empezarás a darte caprichos y ya tenemos el rebote. Es mejor que digas «los martes es el día del postre» y te concedas un par de onzas de chocolate a que digas «¡nunca volveré a tomar un dulce!» y estés mirando con odio a los niños del parque que se atreven a comer donus.
Puedes hacer en casa bizcochos sin azúcar y con harina integral (los puedes endulzar con plátano maduro, zumo de frutas, zanahoria y manzana ralladas o endulzantes tipo sacarina). Engordan mucho menos y te sacarán el antojo.