Mi marido era un dejado,y lo que hice fue dejarme yo también. Al final cómo no se hacía nada, empezó a espabilar. Aunque desde entonces yo no he vuelto a arrimarme a una sartén. Ahora cocina siempre él.
No planchamos ninguno salvo raras excepciones al año. El suelo lo hace la rumba y tampoco nos matamos a cambiar las sábanas todas las semanas.