Hola!
Vengo a dar otra opinión porque me he sentido identificada con la pregunta directa hacia quienes vivimos una situación así, y considero que también es la mía. Es decir, responder el porqué.
Vivo con mi marido hace 10 años aproximadamente. Antes viví sola desde los 23 hasta los 32. Qué tiempos aquellos! Los recuerdo con añoranza y me encantaría «escaparme» de vacaciones unos días a aquel tipo de vida, pero no lo cambiaría por la que llevo actualmente. Intentaré explicarme.
Tenemos dos hijas en común y él tiene otra de una relación anterior muy tormentosa y que sigue acarreando problemas judiciales a día de hoy, derivados de cuestiones relacionadas con esta primera niña. Problemas que nos han afectado y nos han sobrepasado en muchas ocasiones. No sólo me ocupo de las gestiones domésticas (desde cosas cotidianas del hogar, como pueden ser compras, médicos, todo lo relacionado con nuestras hijas, ropa, calzado, revisiones, colegios, educación, planificación, etc) sino también de lo administrativo (declaración del IRPF conjunta, trámites con cualquier administración pública de diversas índoles, gestiones bancarias), así como se todo lo relacionado con el juzgado (que es un asunto suyo pero que afecta a nuestra familia en gran medida, tanto económicamente como anímicamente).
En nuestro caso, yo he aparcado mi vida laboral activa de forma temporal (tengo más estudios que él, siempre he trabajado, muchas veces en varias cosas a la vez, y además cuando me fui a vivir con él tenía un puesto que me encantaba en una empresa con la que estaba muy contenta y un buen salario). Mi marido tenía un trabajo que le proporcionaba un salario mucho más alto de lo que yo podía obtener pero tenía que vivir lejos de nuestras ciudades natales, así que por otros voluntad decidí que quería embarcarme en la aventura de seguirle, consciente de las renuncias, y lo hice por amor, y por la pasión que siento yo particularmente por formar una familia, que en realidad ha sido siempre mi sueño.
Entre embarazos, permisos de maternidad y lactancia, excedencias, ayudas para la conciliación y maternidad etc me he ido defendiendo y yo nunca he dejado de aportar mi pequeña porción en mi económico, para mantener mi parcela de autosuficiencia. Realmente trabajo por horas en lo que me permita conciliar. Pero no veo absolutamente nada de malo en hacerlo. Es sobrecarga pero yo lo he decidido así, es mi decisión y no estoy en una situación desconocida que crea injusta, me aporta otras cosas buenas. Mi marido pone su salario íntegro a disposición de la familia, entiende que aunque pase largas temporadas fuera para obtenerlo, yo soy la que llevo la mayor carga y por tanto me deja a mí toda la capacidad de decisión sobre en lo que se invierte. Aún así, intentamos llegar siempre a un consenso entre los dos pero creo que lo hago bastante bien y no suele haber discusión al respecto. Os pongo un ejemplo mínimo: si él necesita un par de zapatillas nuevas me pregunta si viene bien este mes o cuándo podría comprárselas y si yo quiero (necesito) por ejemplo ir a hacerme un tratamiento de pestañas también se lo comento y hacemos todo cuando económicamente nos viene mejor, si hay que esperar esperamos, siempre priorizamos las necesidades de nuestras hijas y las responsabilidades familiares ante lo nuestro, ambos. Sobre todo esto, valora mi capacidad para gestionar y confía en mí a ciegas.
Él pone de su parte cuando está en casa (cuando no está fuera trabajando) pero no llega ni a la décima parte de lo que llego yo, porque yo siempre estoy y me dedico a todo esto en jornada completa, está todo «de mi mano»).
Además, el arrastra problemas psicológicos y psiquiátricos (con tratamiento y psicoterapia) derivados de su prima relación con su ex. Por tanto, es realmente un adulto «no funcional» en el sentido de que necesita ayuda y yo, por mi personalidad, no lo voy a abandonar ni voy a dejar de procurarle lo mejor que pueda para su estabilidad, porque lo quiero y porque él pone de su parte para estar mejor.
Porqué lo hago? Porque me encanta controlarlo todo (mi tarita), a pesar de la carga que representa, porque creo que lo hago mucho mejor que él (que pertenece a ese grupo de hombres mayoritario en mi opinión, que se gestionan mucho peor que una mujer), porque así me aseguro el bienestar de mi familia que es lo más importante para mí, porque a él le encanta que lo cuide y a mí me encanta cuidar. Porque me proporciona un compromiso firme en una relación de amor, respeto y confianza que me reporta un beneficio emocional mucho mayor que otros que haya experimentado anteriormente (y eso que yo era muy feliz sola, pero también lo soy ahora).
Es posible que tenga que ver con la crianza, por supuesto. Pero también tiene que ver con la personalidad y con las aspiraciones vitales. Yo he visto hombres (pocos) que se organizan mejor que su pareja. No es nuestro caso jajajaja
En mi caso yo siempre he trabajado fuera de casa porque no me quedaba otro remedio, no por convicción ni por enriquecimiento personal. Adoro a mi familia, y dado el sistema que tenemos en este país, me siento muy afortunada de poder dedicarme a la crianza de mis hijas en sus primeros años.
Lo hago porque a mí, en mi caso personal en nuestras circunstancias y teniendo en cuenta nuestras formas de ser, realmente me hace feliz a pesar de lo duro que resulta. Nadie dijo que el camino fuera fácil.