Pues en mi caso me pasan algunss cosas, pero no todas las que comentas por un tema de ser consciente y no dejarme. La carga mental la llevo. La limpieza también. Poco a poco lo que es de más se convierte en la norma, en lo que se espera. Hace no mucho mis suegros trataron de cargarme el mochuelo de la idea de que, además, yo debo satisfacer sus deseos de ver más a su nieto, y como el papá trabaja las tardes, yo debo montar a mi hijo en el coche y llevárselo a su domicilio, a 40 minutos en coche. Ellos jubilados, saludables, no quieren desplazarse. También van varios intentos de mi pareja de que yo «le ayude» con los regalos para su familia, pero mira, por ahí tampoco paso. Ni compro calzoncillos ni regalos a su familia, pues sería impensable a la inversa. Y así vamos, luchando y tratando de recuperar mi tiempo, mi espacio, mi deseo y poniendo mis límites. Por supuesto, ni le recuerdo sus citas médicas ni le acompaño si queda con amigos, pues él con mis amigas no viene tampoco. Equilibrio