Mis tíos creían que era una carantoña pegarme una torta en el culo al pasar cuando era pequeña. Ni era tierno ni me gustaba. Cuando crecí un poco un día se la devolví a uno de ellos y me gritó enfadadísimo. Le dije que si a él no le gustaba, por qué me iba a gustar a mí. Sospecho que mí madre tuvo también alguna conversación con ellos, pero sea como sea gracias a Dios no volvió a pasar. Ojalá no hubiera esperado tanto para mandarle a la mierda, pero hace treinta años las cosas no eran como ahora. Me alegro que tu hija tenga esa herramienta. Espero poder dársela también a la mía.