Madre mía, menos mal que os vais a una hora y no a la otra punta del país. Menuda rabieta se ha pegado por esa tontería!
Lo normal es que la gente no se quede toda la vida en el pueblo en el que nace. Y los padres no pueden limitar a sus hijos de esa forma. No le hagáis el más mínimo caso. Ya se le pasará. Ya sabéis el dicho: perro ladrador…
Dejad que hable y diga lo que quiera. Si es necesario, yo incluso diría de dejar de ir a visitarla hasta que se tranquilice y os respete. Pero bueno, eso ya es cosa de tu marido si él quiere ir a verla o no.
En mi opinión, si de un pueblo al otro solo hay una hora de diferencia, en un punto medio tampoco estáis tan lejos. Pero los que tienen que tomar la decisión de dónde vivir sois vosotros.