Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Mi marido y yo vivimos en una ciudad a mitad de camino de nuestros dos pueblos. Los dos están, más o menos, a la misma distancia y vamos a visitar tanto a mis padres como a los suyos regularmente.
El caso es que hace un año que hemos sido padres y nos sentimos muy solos en el sitio donde vivimos. Estamos lejos de todos nuestros familiares y no tenemos ayuda con el bebé y, si alguna vez tenemos alguna urgencia, no tenemos a nadie a quien acudir.
Por eso, hemos decidido que, la mejor opción, es mudarnos a vivir a mi pueblo. Yo soy la que más familiares tiene y puedo acudir a ellos en caso de necesitar ayuda, a parte de que en mi pueblo hay muchos servicios y todo está a mano.
Pues bien, cuando le dijimos a mi suegra que queríamos comprarnos una casa en mi pueblo puso el grito en el cielo. Se lo tomó fatal porque dijo que íbamos a estar demasiado lejos de ella – su casa nos quedaría a una hora de camino – y que no veía correcto que tuviésemos que irnos a mi pueblo sólo porque yo tenga allí más familia (en el pueblo de mi marido, de 200 habitantes, es ella la única que vive de su familia).
Le ha empezado a decir a mi marido que, si al final nos mudamos a mi pueblo, pondrá el piso de la playa a nombre de mi cuñado porque será el único que se encargará de ella, ya que nosotros estaremos demasiado lejos, le ha dicho que no piensa venir a visitarnos y que si yo le dejo algún día se quedará en la calle.
De verdad que nunca habría esperado esta reacción de mi suegra, porque siempre nos hemos llevado muy bien, y no sé cómo manejar esta situación sin que afecte a nuestro matrimonio ni a nuestra conciliación.
