Ante el vicio de pedir, está la virtud de no dar.
Mis padres eran como los tuyos, a mis dos hermanos mayores ná de ná pero yo tenía que limpiar, poner la mesa, quitarla, etc.
Pero siempre me negué, dije que cuando mis hermanos cogieran el mocho me ponía yo también (que además me sacaban unos buenos añitos).
«Yo que quería una niña para que me ayudara a llevar la casa» decía mi madre. Y aún me duelen esas palabras aunque sepa que no son ciertas del todo.
Pero bueno, yo cogía y salía de casa, me iba a pasear, o decía que tenía examen y me ponía a estudiar.
Cuando me fui de casa era una inútil pero si hay voluntad rápidamente te pones al día. Sin dramas.
No hace mucho, mi madre se enteró que el que limpia los baños en casa es mi marido y me soltó: «¡¿y no te da vergüenza?!
Hay gente que no cambia. ¡Y mi madre va de moderna!