—Ten paciencia con él, ya sabes que Perenganito es un poco así, ya sabes cómo es…
—Sí, GILIPOLLAS, pero no por eso tengo yo que aguantarle.
Era para contestarle eso. A ver, que si él está enamorado de su ciudad y de su feria me parece genial. Pero tener que escucharle perorando cada dos por tres no debe ser agradable, así que mira, genial que has hecho en pararle un poquito los pies.