Más allá de debates sobre crianza, la ley es clara: pegarle a un hijo es un delito. El Código Penal (Art. 153.2) castiga el maltrato a menores, incluso sin lesiones, con penas de prisión de hasta un año y la posible pérdida de la patria potestad.
Las leyes de violencia están para proteger a los más frágiles de la sociedad. Es deprimente que el hecho de ser padres haga creer a algunos que tienen permiso para agredir a quien tiene el deber legal y moral de proteger. No es una opinión, es una infracción penal.