Supongo que el estrés que genera el cambio de vida, de rutina, la responsabilidad de sentirse padre/madre, la falta de sueño, etc. combinado con seguir dando la talla tanto en el trabajo como socialmente hacen que surjan los malos modos y algún rifirrafe con la pareja. La persona que se queda en casa con el bebé tiene montañas de curro duro, pero el que sigue trabajando y cumpliendo horarios estrictos también lo pasa mal porque llega a meterse una jornada sin haber descansado apenas y cuando llega a casa continúa.
Es decir, comprendo que la desesperación le haya hecho enfadarse pero sólo tú puedes valorar si es una actitud puntual por cansancio extremo o si es algo que repite a menudo. Hazle comprender tu malestar al respecto y si no está por la labor de cambiar replanteate si merece la pena seguir a su lado. Si no es una buena persona tampoco va a ser un buen padre.