Ni hiciste nada mal, ni al decirle que lo querías, ni al decirle que sus palabras te hirieron. Ya basta que callarnos lo que sentimos por miedo a incomodar a los hombrecitos, porque se nos va la salud mental en ello.
Solo una cosa de aquí al futuro: nunca más aceptar condiciones que te hacen daño, que te incomodan por no perder a alguien.