Tú no has perdonado una infidelidad, el calentón de una noche con una desconocida a la que no ha vuelto a ver. Has perdonado que te tratara repetidas veces como una mierda, que te usara para tener un hijo, que se riera en tu cara, que lo siga haciendo mil veces delante de tus ojos cuatrocientas veces al día.
Quiérete mucho, porque eso también significará que quieres más a tu hija.
Y, por el amor de Dios, deja de autoengañarte.