Cuando yo tenía diez años el señor de la tienda de abarrotes me tocó en mi pecho y mis geniales por encima de la ropa. Al principio yo no entendí la situación, pues nadie me previno sobre eso además estaba asustada y tuve miedo, me daba vergüenza contarlo a alguien cercano. Después de casi dos décadas de ese suceso, a veces no soporto el contacto físico de personas que no pertenecen a mi círculo. Así que no es ningún drama, no se supera fácilmente, son cosas que uno guarda en la mente y que salen con el tiempo. Estoy tratando de superarlo con ayuda profesional, porque uno solo no puede.