Que sí que sí, que sois todas perfectas y el resto perras del infierno que merecen morir solas por haber faltado a la institución de la fidelidad. Ya tenéis vuestro pin de justicieras de la monogamia, sólo habéis perdido la empatía y un poquito de humanidad.
Es tarde para decirte que eso, o se confiesa en el momento o te lo callas. Decirlo no era buena idea, pero mucho menos tiempo después porque es mucho más difícil de recuperar la confianza. Esa infidelidad ya no es solo una infidelidad de un momento, sino que transforma toda la imagen que tenía de la relación y la cabeza es muy mala. Por ejemplo, el recuerdo de unas vacaciones felices se convierte en un thriller psicológico y busca trampas incluso donde no las había.
Ahora bien, si está contigo, debe asumir que ha tomado la decisión de perdonarte. Si no confía en ti y no puede soportarlo, es mejor irse. En su momento, volví con un novio que me había sido infiel y aunque lo quería, ya nada fue bien. Era susceptible con todo, sentía celos y sospechas por casi cualquier cosa, le soltaba mi resentimiento sin venir a cuento porque repasaba el pasado en mi cabeza. Al final le fui infiel por venganza, me sentí peor y lo dejé porque esa relación ya no era sostenible. Debí haberme ido mucho antes o trabajar en arreglarlo, pero quedarse entre medias fue peor para los dos.
Por mucho que digáis varias «¿y qué esperabas?», no es una reacción sana para nadie. Si no puedes, te vas. Si quieres quedarte, también pon de tu parte en arreglarlo. No tiene sentido pasarse medio año resentido, desconfiado y castigando a tu pareja. Eso es mucho peor que la infidelidad que haya cometido. Puede estar dolido y con razón, pero no se puede mantener una relación con odio.
Habla seriamente con él y proponle ir a terapia de pareja. Con todo lo que tenéis encima, necesitáis sí o sí un profesional. Si no vais a un profesional, lo mejor es que os separéis. No podéis seguir estando para sufrir y pasarlo mal.