Totalmente identificada con Gadlaru. Para mí si me hubiesen obligado a dejar la puerta abierta hubiese sido un suplicio. Hubiese desarrollado mucho menos mi personalidad y me hubiese sentido cohibida en muchos aspectos. Mi cuarto era mi templo, me sentía libre, segura. De niña siempre he podido jugar, dibujar, bailar y cantar con la puerta cerrada, y con 14 años me pusieron pestillo y, sorpresa, nunca he tenido sexo estando mis padres en casa (salvo conmigo misma, claro, pero antes del pestillo lo hacía en el baño, debieron notar que tardaba mucho en «ducharme»).
Los mayores sustos y el mayor acoso que he sufrido no ha sido por internet, ha sido por la calle, incluso yendo a por el pan. Y no por eso mis padres me han prohibido salir de casa. Salidos y mala gente hay en todas partes, no solo en internet.