A ver, que tampoco se te ha jodido la vida, ni tu vida es una mierda.
Es una putada, un accidente inoportuno. Pero ¡dale la vuelta! Conviértelo en una anécdota inolvidable y divertida.
Moldea tu historia, que es única, para poder siempre recordar que «yo me rompí la pata a una semana de la boda, así que fui yo la que esperé al novio en el altar»
Hazlo original y tuyo. Los invitados fliparán si le esperas tu a él y os partís de la risa con la situación. Disfrutaréis vosotros y haréis disfrutar a todos. Y quedará eso en el recuerdo.
Decora unas muletas con lazos o algo muy tú y dale sal a la vida.
Un beso grande, que ya verás como todo te sale de perlas. La pata es lo de menos.