Hace años tuve una conversación con mis amigas a propósito de una niña que conocía una de ellas y que le había tirado una prenda de ropa a la cara a su madre porque no era la marca que ella quería (y hablamos de un rollo «no era Nike sino Adidas», vamos ambas marcas caras). Lo que más me sorprendió no fue la historia en si, sino la reacción de dos amigas cuando dije «llega a ser mi hija y vestía de mercadillo lo que le queda de vida». Pues me pintaron poco menos que de maltratadora, que tampoco tenía por qué «humillar» a mi hija de esa manera.
En ese momento comprendí lo humillante que debía ser para ellas tenerme como amiga y no lo olvidé nunca…