Mi peque tiene ahora dos años. Para mí, sus cuatro primeros meses fueron lentos y agobiantes. Luego fue mejorando. Estuvimos atados hasta el año y pico y desde que tiene los dos años hemos recuperado nuestra vida. No es como antes, pero para mí es mejor que antes de ser madre. Mi hijo me ha dado un empuje para hacer cosas que tenía apartadas para más tarde. Yo era una madre agobios, de sentirme culpable por todo y ahora he cambiado. El peque va un par de días a la guarde, otro se queda con los abuelos y otros nos dividimos mi marido y yo. Estoy estudiando, trabajando y pintando de nuevo. Juego con mi peque, leemos cuentos… No sé de dónde sale el tiempo, pero sale. Por supuesto hay días malos, pero a mí ser madre me ha ayudado a aprender a organizarme y a decir SÍ a muchas nuevas oportunidades. Ya no soy cobarde como antes. Y la vida en pareja se va abriendo paso. Durante el primer año, por la falta de sueño, hay riesgo de ruptura, se discute más, pero si hay respeto mutuo y amor y se hablan las cosas, esa fase pasa y vuelve la luna de miel. Mi marido y yo «quedamos» para tener sexo: «¿en la siesta de hoy nos amamos salvajemente?» Suena poco espontáneo pero lo hacemos con muchas ganas porque solo podemos dos días a la semana. Y ya estamos pensando en otro niño porque sabemos que se sufre un año y luego por cada dos días malos tocan 5 buenos. Sin miedo!