Me río por no llorar porque tanto a mi marido y a mí nos ha pasado exactamente lo mismo.
Nuestro grupo de amigos nos daban de lado, cansados hicimos lo mismo que tú, no hablarles para ver quien nos hablaba a nosotros y sólo lo hicieron para pedirnos hacerles un par de cosas, llegamos a un punto que de la noche a la mañana nos echaron del grupo en común, sin ningún por qué.
El resto de amigos los perdimos cuando tuvimos a nuestro hijo y no entendían el porque no podíamos salir a partir de cierta hora con ellos o que debíamos volver pronto a casa (como que no me daba la gana tener a mi bebé de menos de 1 mes en pleno invierno a las 3 de la mañana en la terraza de un bar).
Nos consideramos personas agradables, normales y con principios sobre la amistad…
A mi marido sigue sin gustarle no tener amigos con los que contar aunque sea para salir a tomar una cerveza.
A mí ha acabado por darme igual.