Yo tuve una jefa que me hizo la vida imposible por estar cualificada para el puesto. Pedían gente con alto nivel académico para una cadena de librerías y yo tenía dos carreras y dos máster en literatura, así que me cogieron. La directora de tienda había dejado los estudios a los quince años y tendría mucha experiencia en vender camisetas, pero lo más que había leído en su vida eran las instrucciones del champú.
Pues no paró hasta echarme con el argumento de que no era lo suficientemente humilde por comentar que un libro estaba colocado en una sección que no le correspondía, que a ver quién me creía yo para saber eso, que solo quería presumir de que conocía el libro. O que a ver quién me creía para creer que sabía como funcionaba un ebook, que yo no podía tocar los de muestra hasta que me explicaran cual era el botón de encendido. Y así todo el tiempo. Pedían personas cualificadas, pero olvidaron señalar que tenían que comportarse como si fueran completamente tontas para que la autoestima de la jefa no sufriera pupita.
Me hizo un favor, sí, ahora trabajo realmente en lo mío y cobro bastante más del doble que me pagaban allí. Pero tres años después sigo teniendo pesadillas con aquellas míseras tres semanas de mi vida.