Yo soy ex-profe de secundaria,y digo ex porque los avatares de la vida me han llevado a trabajar en otro campo que me apasiona, igual que me apasionaba la docencia. Pero cuando ejercía (sólo llegué a hacerlo en concertada, ya que pillé la crisis de golpe y el corte de convocatorias de oposiciones para pública) tuve tanto experiencias maravillosas con los alumnos, como otras muy desagradables…por culpa de sus padres. Alucino la actitud de desprecio que hay hoy en día respecto al docente y su labor, y como se carga contra él cuando tu hijo/a claramente no está haciendo las cosas bien. Educar se hace en casa, pero yo ya no sé si estas actitudes son por sobreprotección o por pasar de los hijos porque no se tiene tiempo para atenderles. Hay quienes tienen hijos «porque toca» y no son conscientes del esfuerzo que requiere su educación (estoy embarazada de 8 meses, y tengo muy claro cómo quiero educar a mi hija). Mi cuñada es también profe de secundaria y cada año me cuenta atrocidades peores… Hasta el punto que lo tengo muy claro, si me quedase sin trabajo de lo mío ahora, difícilmente me plantearía volver a la docencia otra vez, y no por los críos, sino por los padres. A mí me llegaron a agredir en clase, el centro lo tapó y no hizo nada, y encima me dejaron al susodicho en mis clases envalentonado porque era intocable y ya podía hacer lo que quisiera conmigo que no le iba a pasar nada. Y yo me lo tuve que comer con patatas, porque encima no sólo eres el adulto, sino el profesor, y no puedes decir ni una palabra más alta que otra, que para eso sí que se te tiran los padres encima. Así que mucho ánimo, lo estás haciendo genial, que los padres digan lo que quieran, los monstruitos de sus hijos no son otra cosa que el reflejo de lo que son ellos mismos. Si estuviese ahora mismo en tu situación, no sé si me descojonaría en su cara cada vez que se quejasen o les preguntaría que de qué van.