Para los clientes hay buen rollo cuando les conviene. Yo he trabajado cara al público muchos años y ahora soy profesora de adultos, y la verdad soy bastante desconfiada.
Yo creo que hay que pensar que los clientes no son amigos y que no hay que confiar en el buen rollo y es mejor desconfiar, ya que en cualquier momento te pasa algo así o algo peor, tipo denuncia.