Yo tuve la fortuna de hacerlo mil veces. Mo soy una persona que tenga fácil la expresión de los sentimientos, pero con ella era muy fácil decir te quiero. Mejor aún te quiero, bruja. Y afortunadamente también hubo mil abrazos. Que se fijan en los recuerdos. Gracias a eso todavía la siento a veces casi físicamente conmigo. Lo que aprendí después de morirse es que tenía que hacerlo con los demás, y menos mal, porque mi abuela la sobrevivió 5 años, pero yo ya había aprendido la lección. Se ponía muy roja cuando la abrazaba y la llamaba guapa, pero merecía la pena hacerla pasar por ese ataquillo de vergüenza. Porque luego se reía. Y lo de que se lo digas ahora no es ninguna tontería, nos oyen y nos cuidan cada día, cada momento. Un abrazo enorme.