Si lo que te preocupa es que se sienta como en su casa, lo único que tienes que rechazar es la idea de <<espero no tener que contestar nunca un «no se hace eso porque es MI casa»>>.
Si hay que pintar o si tenéis que comprar un sofá y prefieres pagarlo tú para evitar líos, pon un presupuesto tope, y lo elegís entre los dos. Porque la casa estará a tu nombre, pero la convivencia es en pareja.
Si el día de mañana quieres hacer una reforma, pues igual. Aunque en ese caso, al afectar ya a la estructura de la casa, sí que te diría que tengas tú la última palabra (aunque lo ideal en caso de conflicto es buscar una opción que guste a ambos).
Vamos, es mi opinión, es lo que haría yo.