Yo sí «supe» que era el indicado. Aún no habíamos empezado a salir juntos, y cuando le conocí, me sorprendió mucho lo claro que tenía cómo quería encauzar su vida y lo muchísimo que estaba trabajando para conseguirlo. Las relaciones hay que trabajarlas, y pensé, alguien que se lo curra tanto, también puede esforzarse igual si quiere que la relación funcione, al igual que yo. Y no me equivoqué, aquí seguimos 12 años después, con una niña y un bebé, y seguimos esforzándonos como el primer día. Porque enamorarnos podemos de cualquier idiota que pase por ahí, pero para una relación larga y feliz, hay que estar dispuesto a esforzarse por ello. Él se ha esforzado por aprobar su oposición (y lo consiguió), por ser un adulto funcional (cuando empezamos a salir no sabía ni poner una lavadora), por aprender albañilería (está reformando nuestra casa prácticamente solo), a ser más detallista que en un principio (sabe que yo soy una ñoña), a ser un papá estupendo (el que le daba miedo coger un bebé en brazos), y se sigue esforzando todos los días por tener nuestro ratito especial cuando los niños se van a dormir. Porque en forma de ser cada uno tiene sus cosas buenas y malas, y hay cosas en las que congenias y otras no, pero si estamos dispuestos a mejorar las que no, funcionará