«Tranquilo, que has repetido tantas veces la bromita que ya me encargaré de que mi hija no se acerque a tu hijo. Ni tú tampoco a partir de ahora.»
No me parece una broma, me parece un cerdo sin gracia.
Y si insiste en su comedia, comentarle que las hostias también empotran, y que se está rifando una.