A mí una mujer por la calle me dio un panfleto, que yo creí seria de publicidad, y era de un centro que te ayudaban a adelgazar mediante hipnosis.
Me sentó fatal, pero no le quise dar demasiadas vueltas.
Otra vez, la cuñada de una amiga aprovechó un evento en que ambas coincidíamos para acercarse y venderme los batidos de Herbalife. No era el momento ni el lugar ni teníamos ningún tipo de confianza. Aquello me incomodó.
Y hace poco en la boda de un primo, el fotógrafo vino hacia mí para decirme que él se había hecho una reducción de estómago y había perdido ya más de 40 kilos. Me enseñó fotos de antes de operarse y todo. Yo me quedé flipando, sin saber muy bien qué decirle.
Y no os cuento más historias por no alargarme, pero para qué veáis lo que a veces una tiene que aguantar sin comerlo ni beberlo. Es más habitual de lo que nadie se imagina.