Eres como el perro del hortelano. Lo bueno es que tú misma te das cuenta. Si quieres follar con él, díselo claro: oye, te quiero para un polvo, cuando a mí me apetezca pero sin marearme a saco después. Relaciones más raras se han visto, puede que te diga que sí, quién sabe o que te mande a pastar, pero ese tira y afloja aburre y al final te va a mandar a tomar viento sí o sí.