Me paso lo mismo que a ti.
Cuando conocí a mi pareja era apañadisimo: cuando yo llegaba de visita a su piso compartido me cogía la chaqueta y la colgaba en la perchita, todo bien limpito y colocadito.. aun me rio y todo… la que me coló. Cuando nos fuimos a vivir juntos se volvió un vago de mucho cuidado… todo tirado por el suelo, no cocinada, limpiaba rápido y mal… un desastre…
Llegué a un punto que no pude más, porque aun hablando con él, era como hablar contra un muro… tuvimos fuertes discusiones, ya no solo por eso, sino por todo porque obviamente el mal rollo imperaba en casa, yo estaba muy muy quemada.
Finalmente tomé la decisión de volver a casa de mis padres y le expliqué los motivos de mi partida. Después de mucho hablar decidí volver a casa tres semanas más tarde y de eso hace ya 1 año. Actualmente la repartición de tareas es bastante justa: él prepara comida y cena y va recogiendo la cocina mientras se prepara la comida. Yo limpio el piso y hago la compra. Nos conviene a la perfección, porque yo odio la cocina, a él le gusta y a mi limpiar me distrae (y encima a mi no me gusta su manera de limpiar).
A veces creo que las personas necesitan una fuerte sacudida para hacerles ver que nada es seguro y que la convivencia es hacer esfuerzos y concesiones cada día.
Hazte valer :)