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Me acabas de recordar a una amiga de la adolescencia que la empezamos descubriendo mentiras sin importancia y al final ya no sabíamos qué era verdad y qué era mentira de todo lo que nos contaba (hasta el punto de decir que a su padre le había dado un infarto y al día siguiente verle en su puesto de trabajo). Esto ocurrió con 15-16 años y yo la saqué de mi vida porque pasaba de estar con una persona que se inventaba todo. Pero a día de hoy quizás lo hablaría, intentaría ayudarla e incluso comentarle la opción de un psicólogo.
Hay gente que te dirá que da igual donde trabajen sus padres, pero si os miente en eso a vosotras que sois sus amigas…huele raro, algo hay detrás.