¡Hola!
A mí me ocurrió algo parecido. Mis gustos no son tan categóricos en lo relativo a la penetración en sí: ni es lo único importante ni me da absolutamente igual; pero desde luego le di mucha importancia y me rallé mucho cuando se la vi a mi marido. Ni a la campanilla me llega y hasta las felaciones se me hacían raras.
Le di muchísimas vueltas, más de lo que nunca pensé, ¡en serio! Nunca habría dicho que me importaría el tamaño.
Pero como todo, tuvimos nuestro período de adaptación y encontramos la manera de disfrutar, sí, incluso de la penetración. Geles, juguetes y un gran énfasis en boca y manos, que domina mejor que nadie que haya conocido, han sido clave. Ahora ni siquiera comprendo cómo es que me preocupó en absoluto, pero entiendo que solo era desconocimiento, prejuicios y miedos tontos.
Te aconsejo que no te cierres y le des una oportunidad, con delicadeza y siendo abierta y sincera. Eso sí, protegiendo su sensibilidad y procurando no crear complejos ni problemas innecesarios donde no los hay ;)